Aprendizaje, proceso de intercambio…

Juan Domingo Farnos

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“El aprendizaje se convierte en un proceso de intercambio y la reflexión sobre las ideas con sus compañeros y los proyectos de planificación juntos, cuando interactuamos”….Alfie Kohn …pero lo será cuando interactuemos de manera significativa (Gert Biesta-Juan Domingo Farnos)…cuando aprendemos con y desde el uno al otro, la escolarización se trata de nosotros, no sólo de mí.
A los docentes se les dice que no tienen que cuestionar su modelo subyacente del aprendizaje; que los estudiantes deben memorizar hechos y habilidades prácticas, pero que lo harán de manera más eficientes si lo hacen en grupos y de manera creativa.

En resumen, la práctica de la “cooptación de” movimientos potencialmente transformadoras en la educación no es nada nuevo, pero se hace más bien poco, Eso si, se realiza más bien al contrario, es decir, para captar elementos interiores que por medio de una “omerta” hagan que tu poder permanezca con el tiempo y entonces no se pueda llevar a término, precisamente te la innovación.

Si en ello juntamos la aserividad como: “la habilidad de expresar nuestros deseos de una manera amable, franca, abierta, directa y adecuada, logrando decir lo que queremos sin atentar contra los demás. Negociando con ellos su cumplimiento”. Está en el tercer vértice de un triángulo en el que los otros dos son la pasividad y la agresividad. Situados en el vértice de la pasividad evitamos decir o pedir lo que queremos o nos gusta, en la agresividad lo hacemos de forma tan violenta que nos descalificamos nosotros mismos, todo ello hace que nuestro camino hacia la innovación sea muy difícil o completamente imposible si no la poseemos.

Podemos llevar a termino la asertividad de forma eficiente. Para ello hay que prepararse a negociar y hay que cumplir las reglas que implican una negociación eficiente.

Para poder ejercitar la asertividad tenemos que tener capacidad de negociación, si no la tenemos, seguro que tampoco seremos EMPÁTICOS, y ello hará que ponernos en lugar de los demás nos cueste tanto que haga que nuestras intenciones siempre se vuelvan contra nosotros mismo y la pasión por llegar a la innovación, es justamente todo lo contrario.En la negociación se intenta conseguir lo que se quiere con el beneplácito del otro, que lógicamente también va a tener algunos beneficios.

La realización de una negociación comprende varias fases. La primera, es la de preparación. En ella tenemos que pensar la estrategia que tenemos que seguir en el encuentro con el otro en el que se va a plantear los problemas y se va a hacer la negociación propiamente dicha.

Es verdad que siempre hay una segunda oportunidad aunque haya que crearla. Crear la oportunidad es buscar al otro y plantear, por que no, la innovación, la transformación…pero hay que pensar EN EL OTRO, en el que seguramente “sabe mas que tu” aunque sea por enésima vez, el tema que nos ocupa. Cualquier frase introductoria como decirle, “de lo que hablamos ayer me gustaría comentarte algo” o frases parecidas para iniciar la conversación son ayudas inestimables para crear la oportunidad.

Con los objetivos claros podemos controlar nuestra agresividad y motivarnos para dejar de ser pasivos, con la oportunidad creada y el entendimiento de lo que el otro espera podemos preparar el momento concreto de la negociación.

Ese es uno de los problemas, sabemos que alguien es mucho mejor que nosotros y para que los demás no se den cuenta les “captamos” para que de esta manera no se fijen en ello, con eso creemos que por numero nos darán la razón siempre la razón y por tanto dejaremos la innovación de lado…

Pero si somos líderes, o lo fuimos en algún momento, debemos hacer lo que “desean los demás” no lo que queremos nosotros y si no somos capaces de hacerlo, irnos a tiempo, apartarnos, dejar paso a los que estén mejor preparados para ello, antes de hacer el ridículo, que suele pasar, por supuesto.

De todo ello siempre habrá una evaluación formativa, un control por parte de alguien, de dentro o de fuera se supone que medir el éxito de los estudiantes, el nuestro, el del grupo…se hará también mirando a si hemos hecho o no innovaciones. Si las hemos realizado se nos valorará por nuestro esfuerzo, si no lo hemos llevado a cabo, se nos echará en cara y se nos dirá que lo que estamos haciendo es provocar una involución.

Si Lorrie Shepard nos habla de una sucesión interminable de “referencias” con pruebas estandarizadas como algo nefasto a día de hoy, nosotros mientras en la mayor parte de casos, seguimos instaurándolas, sin “meter” nada de innovación porque no somos capaces de hacerlo o porque si lo hacen otros estaríamos en tal evidencia que se nos descubriría que hemos pasado el tiempo sin intentar mejorar las cosas de verdad, silenciando a los que si podían hacerlo.

Un recordatorio para centrarnos en el aprendizaje, nuestras acciones como educadores no importan tanto cómo los niños experimentan esas acciones. Los mejores maestros (y padres) intentan continuamente para ver lo que hacen a través de los ojos de aquellos a los que se hace.

Se ve el patrón aquí. Tenemos que preguntar qué se les da a los aprendices a hacer, y con qué fin, y dentro de lo que el modelo más amplio de aprendizaje, y según lo decidido por quién, si somos nosotros, estamos obligados a innovar continuamente, de lo contrario, en lugar de hacer algo positivo, lo que habremos hecho es un auténtico destrozo en ellos. (acordémonos de la cultura del esfuerzo mal entendida de Juan Domingo Farnos)…

juandon

Investigador y docente en e-learning, tecnologías educativas y gestión de l conocimiento, online facilitator.

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