Evaluación y Educación Disruptiva en escenarios hipermedia, cybermedia y multimedia…

Juan Domingo Farnós

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No es que sea el fin de la evaluación, si no que estamos escribiendo no solo el por qué, si no el cómo, el aprendizaje=evaluación, lo cual hace que salte por los aires el anticuado ya paradigma de la educación formal existente y vayamos ya hacia “otra cosa” que a lo mejor no se dirá ni educación, quién sabe, pero lo que si está claro es que no se entenderá ni se llevará acabo de la misma manera.

Aparece otra cultura en la sociedad con otros paradigma de paradigmas en constante dinamismo, donde no solo ello está preparado para “moverse y cambiar” (transformarse) en cada momento, si no lo más importante, sus personas lo están.

Evidentemente si queremos entrar en un marco de estrategias competenciales en aprendizajes dentro del mundo universitario, necesitaremos reconsiderar la función de la evaluación, pensando y repensando nuevas maneras de entenderla y otras maneras de llevarla a cabo por medio de actividades.

Existen las actividades convencionales, que se dan en cualquier proceso de evaluación educativa que se aborde con rigor, como son:

· Decidir la información a recoger de cara a la evaluación, especificando cómo y cuándo se hará.
· Seleccionar y elaborar, en su caso, los instrumentos necesarios para la recogida y registro de la información.
· Preparar, de forma explícita y diferenciada, la información sobre el sistema de evaluación y su proceso.
· Recoger toda la información.
· Valorar la información recogida.
· Decidir el reparto de la calificación según la información recogida.
· Poner la calificación.
· Comunicar el resultado de la calificación a los estudiantes.
· Pasar al acta provisional las calificaciones.
· Atender las consultas de los alumnos sobre la evaluación.
· Determinar las oportunidades de revisión, mejora y superación, si ha lugar.
· Firmar las actas definitivas.
· Sistematizar los resultados de la evaluación para posibilitar el análisis y reflexión en torno a los mismos.

Consideramos la participación, reflexión, colaboración, trabajo en equipo e investigación, como los aspectos fundamentales de la práctica educativa que rodean a nuestro modelo, aunque pensamos que había que aclarar qué entendemos por reflexión y por colaboración.

El concepto reflexión, como objetivo a conseguir en la formación de los profesores, hace necesaria algunas aclaraciones sobre su significado y contenido. Van Manen (1994) distingue tres niveles de reflexión:

1. Una reflexión centrada sobre técnicas precisas para alcanzar determinados objetivos educativos en la que no se cuestionan criterios de valor, sino sólo de utilidad y eficacia.

2. La reflexión se centra en la relación entre principios y práctica educativa, evaluando las consecuencias e implicaciones educativas de las acciones y creencias. Nos situamos en una perspectiva personal.

3. Este nivel de reflexión incorpora los matices morales y públicos a la reflexión educativa. Se hace presente el nexo entre la vida del aula y las fuerzas estructurales más amplias (sociedad, cultura, etc.).

Las actitudes que deberían fomentar los profesores para que posibiliten su pensamiento reflexivo son, como propuso Dewey (1916):

1. Apertura de pensamiento. Deseo activo de escuchar, de analizar datos, de prestar una absoluta atención a las posibilidades y alternativas, de reconocer la posibilidad de error incluso en nuestras creencias más arraigadas. Es decir, este autor plantea una actitud de mente abierta que revise aquellos aspectos educativos que tradicionalmente se han dado por sentados y una revisión continua de la propia cultura.

2. Actitud de respuesta. Se hace necesario una actitud de elaboración de lo recibido y una reflexión práctica.

3. La culta actitud descrita por Dewey será el entusiasmo, el interés, la esperanza que suscita el pensar que estamos haciendo algo útil y que esto ha de ser necesariamente fruto de nuestra propia reflexión.
Además de cambiar la forma de realizar algunas de estas actividades, se ve necesario, incorporar otras actividades para evaluar competencias, tales como,
· Verificar el sistema de evaluación y calificación que se seguirá -de acuerdo a un proceso de evaluación inicial, continua y final- y su adecuación a la programación de la asignatura.
· Evidenciar la coherencia entre el desarrollo de la asignatura y la evaluación.
· Desarrollar estrategias para facilitar la autoevaluación y la evaluación conjunta con otros colegas, a nivel de curso, materia o ciclo.
· Compartir la información recogida con los estudiantes, teniendo en cuenta sus apreciaciones.
· Ayudar a realizar una evaluación personal de lo que realmente ha aprendido el estudiante, de su compromiso como estudiante ejerciendo la autocrítica.
· Hacer previsión de posibles fracasos de estudiantes en el avance de su proceso de aprendizaje y forma de recuperación.
· Establecer fórmulas de aprovechamiento del aprendizaje de los estudiantes en cada semestre, curso o ciclo.
· Elaborar informe de resultados/conformidad del estudiante acerca de la adquisición de las competencias específicas y genéricas propuestas como objetivo de aprendizaje.
La evaluación pasa a tener un gran protagonismo, ya que hay que contar con ella a la hora de la Planificación y de la Gestión de los Aprendizajes.

El desfase existente entre una cultura de evaluación/examen y una cultura de evaluación/apoyo al desarrollo. Aunque se comprenda teóricamente el paso a dar, el cambio actitudinal suele ser una dificultad real entre el profesorado, por lo que conviene ser conscientes del proceso a seguir y adoptar comportamientos en consonancia con las fases que requiere el cambio.

El paso desde una cultura de evaluar para examinar y clasificar hacia una cultura de evaluar para educar o basada en competencias debe hacerse en varios frentes:

Conscientemente hay que:

a-cambiar los objetivos de la evaluación,

b-identificar los nuevos roles y funciones que juega la evaluación,

c-aprender y manejar distintas técnicas de evaluación que estén en línea con los contenidos de competencia que se pretende evaluar,

d-reflexionar y dejar bien sentado lo que el estudiante puede esperar de la evaluación.

–En primer lugar, cambiar los objetivos de la evaluación supone reformular los objetivos en términos de competencia. La concepción de la competencia como realidad compleja, resultado de la integración de contenidos de distinta naturaleza, cognitivos, emocionales, normativos, ayudará a cambiar el objetivo de la evaluación. Se trata de evaluar comportamientos humanos complejos.

–En segundo lugar, hay que identificar los nuevos roles y funciones de la evaluación, lo que quiere decir que hay que trascender el sentido de la medición y clasificación y llegar hasta la integración de la evaluación en el aprendizaje. La evaluación debe ayudar al estudiante a aprender sobre sí mismo y sobre los contenidos profesionales de las competencias, a globalizar informaciones parciales, a seguir las líneas de la estrategia marcada en el módulo o asignatura.

–En tercer lugar, el profesorado debe diversificar su conocimiento y dominio de las técnicas de evaluación. Debe analizar los pros y contras de cada prueba y sus contenidos formativos. Ha de detectar con nitidez los contenidos de competencia incluidos en el desarrollo del Programa, que pasan desapercibidos a la hora de evaluar.

–En cuarto lugar, el profesorado ha de realizar una tarea pedagógica específica con el estudiante para que, desde el principio hasta el final aprecie, el valor positivo, la aportación de una buena evaluación. Y el gran interés que le supone aportar y obtener datos diversos y abundantes para realizar una evaluación justa, pero, sobre todo, formativa.

Autores como : Smith (1983), Pérez Gómez discriminan dos paradigmas en la investigación socio-educativa. Para esbozar una aproximación expresado mediante las tendencias racionalista, positivista, empirista, cuantitativa predominante en la investigación socio-educativa hasta la década de los 60. Cada paradigma surge en un contexto histórico político-social-cultural particular, en donde el motor que impulsa la creación es la insatisfacción ante las respuestas que da un paradigma a interrogantes formuladas sobre el que hacer de la investigación. Es necesario hacer aquí la acotación sobre que consideran no existir ruptura/discontinuidad de paradigmas sino, más bien complementariedad.

El ambiente en donde se realiza la investigación social en el paradigma cuantitativo tiene visos “Artificiales”. Se recurre a escenarios en los cuales se pretende aislar y controlar situaciones intervinientes, abstraer una serie de variables, en donde el investigador y sujeto de estudios viven una especie de ambiente tipo laboratorio.

La Metodología de la investigación educativa bajo la influencia del paradigma constructivista esta representada, principalmente por la corriente de metodología etnográfica estudios de casos, trabajo de campo, también cuenta una corriente metodológica hermética. Los contructuvistas de la escuela de Cuba clasifica la investigación en tres paradigmas: Postpositivista (cientificista), Teoría crítica (Ideológico) y Constructivista (Hermético)

El estudio de los paradigmas educativos es lo que prepara principalmente al estudiante para entrar en forma parte como miembro de la comunidad científica particular con la que trabajara más tarde.

A falta de un paradigma o de alguien candidato o paradigma, todos los hechos que pudieran ser pertinentes para el desarrollo de una ciencia dada tiene probabilidades de parecer igualmente de importantes. Como resultado de ello, la primera reunión de hecho es una actividad mucho más fortuita que la que resulta familiar, después desarrollo científico.

Nunca antes el aprendizaje ha tenido tanto importancia como tiene en la Sociedad de la Información y del conocimiento, pero eso si, para nada su significado tiene nada que ver, ni en las formas ni en el fondo, como tenía antaño.

Pedagogías, tecnologías, son elementos importantes, pero ya por si solos no significan nada, no aportan lo que hace un tiempo era “la realeza de la enseñanza-aprendizaje” y más si intervenían las tecnologías: libros, enciclopedias…hasta ordenadores, si me apuran.

Estamos en tiempos “porosos”, de una gran incertidumbre pero de un poder creativo como nunca en la historia de la humanidad ha existido. La velocidad con que pasan los acontecimientos en esta época la hacen tan diferente, que parece que este tiempo, no “es el tiempo”, sino algo extraño para unos, pero usual, para otros.

Lo vamos a dividir en: aprendizaje individual con Hipermedia, Cybermedia y multimedia, así como escenarios de aprendizaje colaborativos-cooperativos, la comunicación a través de Internet, y actividades transversales redárquicas-.

Dentro de cada área de investigación, los laboratorios multidisciplinarios ocupan de aspectos específicos de temas de orden superior. Diferentes proyectos de investigación se asignan a los respectivos laboratorios, que irán acompañados en todo momento por la recogida de datos, metadatos y paradatos, especialmente por parte de los que lo van a llevar a cabo, los aprendices.

Los elementos fundamentales tanto de la educación emergente como la del trabajo emergente :

1) de trabajo y aprendizaje en voz alta

2) la cooperación,

3) la colaboración,

4) el liderazgo conectado. Por tanto el LEARNING IS THE WORK, se materializan más y toman cuerpo.

No es que sea el fin de la evaluación, si no que estamos escribiendo no solo el por qué, si no el cómo, el aprendizaje=evaluación, lo cual hace que salte por los aires el anticuado ya paradigma de la educación formal existente y vayamos ya hacia “otra cosa” que a lo mejor no se dirá ni educación, quién sabe, pero lo que si está claro es que no se entenderá ni se llevará acabo de la misma manera.

Aparece otra cultura en la sociedad con otros paradigma de paradigmas en constante dinamismo, donde no solo ello está preparado para “moverse y cambiar” (transformarse) en cada momento, si no lo más importante, sus personas lo están.

Evidentemente si queremos entrar en un marco de estrategias competenciales en aprendizajes dentro del mundo universitario, necesitaremos reconsiderar la función de la evaluación, pensando y repensando nuevas maneras de entenderla y otras maneras de llevarla a cabo por medio de actividades.

Existen las actividades convencionales, que se dan en cualquier proceso de evaluación educativa que se aborde con rigor, como son:

· Decidir la información a recoger de cara a la evaluación, especificando cómo y cuándo se hará.
· Seleccionar y elaborar, en su caso, los instrumentos necesarios para la recogida y registro de la información.
· Preparar, de forma explícita y diferenciada, la información sobre el sistema de evaluación y su proceso.
· Recoger toda la información.
· Valorar la información recogida.
· Decidir el reparto de la calificación según la información recogida.
· Poner la calificación.
· Comunicar el resultado de la calificación a los estudiantes.
· Pasar al acta provisional las calificaciones.
· Atender las consultas de los alumnos sobre la evaluación.
· Determinar las oportunidades de revisión, mejora y superación, si ha lugar.
· Firmar las actas definitivas.
· Sistematizar los resultados de la evaluación para posibilitar el análisis y reflexión en torno a los mismos.

Consideramos la participación, reflexión, colaboración, trabajo en equipo e investigación, como los aspectos fundamentales de la práctica educativa que rodean a nuestro modelo, aunque pensamos que había que aclarar qué entendemos por reflexión y por colaboración.

El concepto reflexión, como objetivo a conseguir en la formación de los profesores, hace necesaria algunas aclaraciones sobre su significado y contenido. Van Manen (1994) distingue tres niveles de reflexión:

1. Una reflexión centrada sobre técnicas precisas para alcanzar determinados objetivos educativos en la que no se cuestionan criterios de valor, sino sólo de utilidad y eficacia.

2. La reflexión se centra en la relación entre principios y práctica educativa, evaluando las consecuencias e implicaciones educativas de las acciones y creencias. Nos situamos en una perspectiva personal.

3. Este nivel de reflexión incorpora los matices morales y públicos a la reflexión educativa. Se hace presente el nexo entre la vida del aula y las fuerzas estructurales más amplias (sociedad, cultura, etc.).

Las actitudes que deberían fomentar los profesores para que posibiliten su pensamiento reflexivo son, como propuso Dewey (1916):

1. Apertura de pensamiento. Deseo activo de escuchar, de analizar datos, de prestar una absoluta atención a las posibilidades y alternativas, de reconocer la posibilidad de error incluso en nuestras creencias más arraigadas. Es decir, este autor plantea una actitud de mente abierta que revise aquellos aspectos educativos que tradicionalmente se han dado por sentados y una revisión continua de la propia cultura.

2. Actitud de respuesta. Se hace necesario una actitud de elaboración de lo recibido y una reflexión práctica.

3. La culta actitud descrita por Dewey será el entusiasmo, el interés, la esperanza que suscita el pensar que estamos haciendo algo útil y que esto ha de ser necesariamente fruto de nuestra propia reflexión.
Además de cambiar la forma de realizar algunas de estas actividades, se ve necesario, incorporar otras actividades para evaluar competencias, tales como,
· Verificar el sistema de evaluación y calificación que se seguirá -de acuerdo a un proceso de evaluación inicial, continua y final- y su adecuación a la programación de la asignatura.
· Evidenciar la coherencia entre el desarrollo de la asignatura y la evaluación.
· Desarrollar estrategias para facilitar la autoevaluación y la evaluación conjunta con otros colegas, a nivel de curso, materia o ciclo.
· Compartir la información recogida con los estudiantes, teniendo en cuenta sus apreciaciones.
· Ayudar a realizar una evaluación personal de lo que realmente ha aprendido el estudiante, de su compromiso como estudiante ejerciendo la autocrítica.
· Hacer previsión de posibles fracasos de estudiantes en el avance de su proceso de aprendizaje y forma de recuperación.
· Establecer fórmulas de aprovechamiento del aprendizaje de los estudiantes en cada semestre, curso o ciclo.
· Elaborar informe de resultados/conformidad del estudiante acerca de la adquisición de las competencias específicas y genéricas propuestas como objetivo de aprendizaje.
La evaluación pasa a tener un gran protagonismo, ya que hay que contar con ella a la hora de la Planificación y de la Gestión de los Aprendizajes.

El desfase existente entre una cultura de evaluación/examen y una cultura de evaluación/apoyo al desarrollo. Aunque se comprenda teóricamente el paso a dar, el cambio actitudinal suele ser una dificultad real entre el profesorado, por lo que conviene ser conscientes del proceso a seguir y adoptar comportamientos en consonancia con las fases que requiere el cambio.

El paso desde una cultura de evaluar para examinar y clasificar hacia una cultura de evaluar para educar o basada en competencias debe hacerse en varios frentes:

Conscientemente hay que:

a-cambiar los objetivos de la evaluación,

b-identificar los nuevos roles y funciones que juega la evaluación,

c-aprender y manejar distintas técnicas de evaluación que estén en línea con los contenidos de competencia que se pretende evaluar,

d-reflexionar y dejar bien sentado lo que el estudiante puede esperar de la evaluación.

–En primer lugar, cambiar los objetivos de la evaluación supone reformular los objetivos en términos de competencia. La concepción de la competencia como realidad compleja, resultado de la integración de contenidos de distinta naturaleza, cognitivos, emocionales, normativos, ayudará a cambiar el objetivo de la evaluación. Se trata de evaluar comportamientos humanos complejos.

–En segundo lugar, hay que identificar los nuevos roles y funciones de la evaluación, lo que quiere decir que hay que trascender el sentido de la medición y clasificación y llegar hasta la integración de la evaluación en el aprendizaje. La evaluación debe ayudar al estudiante a aprender sobre sí mismo y sobre los contenidos profesionales de las competencias, a globalizar informaciones parciales, a seguir las líneas de la estrategia marcada en el módulo o asignatura.

–En tercer lugar, el profesorado debe diversificar su conocimiento y dominio de las técnicas de evaluación. Debe analizar los pros y contras de cada prueba y sus contenidos formativos. Ha de detectar con nitidez los contenidos de competencia incluidos en el desarrollo del Programa, que pasan desapercibidos a la hora de evaluar.

–En cuarto lugar, el profesorado ha de realizar una tarea pedagógica específica con el estudiante para que, desde el principio hasta el final aprecie, el valor positivo, la aportación de una buena evaluación. Y el gran interés que le supone aportar y obtener datos diversos y abundantes para realizar una evaluación justa, pero, sobre todo, formativa.

Autores como : Smith (1983), Pérez Gómez discriminan dos paradigmas en la investigación socio-educativa. Para esbozar una aproximación expresado mediante las tendencias racionalista, positivista, empirista, cuantitativa predominante en la investigación socio-educativa hasta la década de los 60. Cada paradigma surge en un contexto histórico político-social-cultural particular, en donde el motor que impulsa la creación es la insatisfacción ante las respuestas que da un paradigma a interrogantes formuladas sobre el que hacer de la investigación. Es necesario hacer aquí la acotación sobre que consideran no existir ruptura/discontinuidad de paradigmas sino, más bien complementariedad.

El ambiente en donde se realiza la investigación social en el paradigma cuantitativo tiene visos “Artificiales”. Se recurre a escenarios en los cuales se pretende aislar y controlar situaciones intervinientes, abstraer una serie de variables, en donde el investigador y sujeto de estudios viven una especie de ambiente tipo laboratorio.

La Metodología de la investigación educativa bajo la influencia del paradigma constructivista esta representada, principalmente por la corriente de metodología etnográfica estudios de casos, trabajo de campo, también cuenta una corriente metodológica hermética. Los contructuvistas de la escuela de Cuba clasifica la investigación en tres paradigmas: Postpositivista (cientificista), Teoría crítica (Ideológico) y Constructivista (Hermético)

El estudio de los paradigmas educativos es lo que prepara principalmente al estudiante para entrar en forma parte como miembro de la comunidad científica particular con la que trabajara más tarde.

A falta de un paradigma o de alguien candidato o paradigma, todos los hechos que pudieran ser pertinentes para el desarrollo de una ciencia dada tiene probabilidades de parecer igualmente de importantes. Como resultado de ello, la primera reunión de hecho es una actividad mucho más fortuita que la que resulta familiar, después desarrollo científico.

Nunca antes el aprendizaje ha tenido tanto importancia como tiene en la Sociedad de la Información y del conocimiento, pero eso si, para nada su significado tiene nada que ver, ni en las formas ni en el fondo, como tenía antaño.

Pedagogías, tecnologías, son elementos importantes, pero ya por si solos no significan nada, no aportan lo que hace un tiempo era “la realeza de la enseñanza-aprendizaje” y más si intervenían las tecnologías: libros, enciclopedias…hasta ordenadores, si me apuran.

Estamos en tiempos “porosos”, de una gran incertidumbre pero de un poder creativo como nunca en la historia de la humanidad ha existido. La velocidad con que pasan los acontecimientos en esta época la hacen tan diferente, que parece que este tiempo, no “es el tiempo”, sino algo extraño para unos, pero usual, para otros.

Lo vamos a dividir en: aprendizaje individual con Hipermedia, Cybermedia y multimedia, así como escenarios de aprendizaje colaborativos-cooperativos, la comunicación a través de Internet, y actividades transversales redárquicas-.

Dentro de cada área de investigación, los laboratorios multidisciplinarios ocupan de aspectos específicos de temas de orden superior. Diferentes proyectos de investigación se asignan a los respectivos laboratorios, que irán acompañados en todo momento por la recogida de datos, metadatos y paradatos, especialmente por parte de los que lo van a llevar a cabo, los aprendices.

Los elementos fundamentales tanto de la educación emergente como la del trabajo emergente :

1) de trabajo y aprendizaje en voz alta

2) la cooperación,

3) la colaboración,

4) el liderazgo conectado. Por tanto el LEARNING IS THE WORK, se materializan más y toman cuerpo.

juandon

Written by

Investigador y docente en e-learning, tecnologías educativas y gestión de l conocimiento, online facilitator.

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